En tiempos en que el efecto guerra estaba todavía caliente, diversos países se asocian para la defensa con la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
Pasaron 77 años y por el horror de la guerra generan asesinatos masivos de civiles y la muerte de soldados. En 1951 se lanza el avance de la Unión Europea y se formaliza en 1993. OTAN y UE conjugaron estrategias diversas y hoy comparten inquietudes por el retiro de 5000 soldados de los EEUU de la región, según el Pentágono.
Estrategia de esa organización y de Donald Trump con escenarios expansionistas y exclusivistas en materia comercial y económica. El retiro de tropas puede tener fines económicos pero vale la sospecha de una reorganización armamentista y concentración de tropas y luego, abrir una nueva etapa pro bélica como la actual fracasada.
Ante esta escena y con mayor información, en Ereván (Armenia), funcionarios europeos consideraron la necesidad de invertir en mayor seguridad tras la reticencia de Trump para enviarles misiles de crucero Tomahawk. Medida contraria a lo prometido por Biden en el proceso del abanico misilístico para incluir a Ucrania. Luego la reacción de Rusia amenazada generó otro desequilibrio y se sumaron varios países dirigidos por los EEUU multiplicando el caos, agregando el ataque con Israel contra Irán y así el proceso que conocemos. Y hoy, en medio de amenazas armadas gravísimas, los principales dirigentes en lugar de unir fuerzas por y para la paz, activan posturas pro belicistas.
En lugar de invertir en desarrollo, producción, trabajo y paz social e institucional, priorizan presupuestos armamentistas declamando un pacifismo cínico como el de Trump.
Si no provocan no habrá reacciones y es necesario que verifiquen quiénes iniciaron las guerras históricas y evalúen la responsabilidad que les cabe, Algo que le conviene a los que destruyen y ofrecen financiamiento y obras, para la reconstrucción de lo que no debieron destruir.


