Conocidas a través de LMNeuquen con la tarea del periodista Alejandro López, la senadora nacional Julieta Corroza expresó una serie de definiciones de su postura política.
La que considero necesaria ante la agresiva ruidosidad libertaria, considerada “indeseada, constante, que provoca efectos psicológicos negativos, irritabilidad, ansiedad, fastidio y estrés”. Entre el mal trato político, social y económico, el hartazgo se ha convertido en un componente del sentir del común denominador.
Y si no lo creen así, al menos no excluyan a los numerosos que sufren la devastación de la economía popular.
La legisladora destacó que “Lo que está pasando en Neuquén no es natural. Hay una decisión política de administrar los recursos para que vuelvan a la ciudadanía. Que la provincia pueda lanzar 4.000 créditos hipotecarios no está sucediendo en ningún otro lugar del país”. Dato muy importante que para que llegue a los necesitados ya que el proceso sería extra bancario.
Ante el abandono del gobierno nacional refirió que “Las rutas, las escuelas y muchas inversiones que hoy hace Neuquén existen gracias al desarrollo de Vaca Muerta”. Ratificando diferencias alegó “Nosotros no creemos en un Estado ausente”; y ante otro reclamo muy actual citó: “Creemos que quienes ocupan cargos públicos tienen que tener una trayectoria transparente y resistir cualquier archivo”.
Sobre el soslayo de lo social desde el gobierno nacional manifestó que “La gente necesita resolver problemas concretos: servicios, economía y calidad de vida. Nosotros creemos que el Estado tiene que acompañar a los sectores más vulnerables y no retirarse de esas políticas públicas”.
Respetando posturas partidarias vale reconocer que la ideología referida, rescata la visión social, hoy maltratada por el neoliberalismo anti estatal. Es necesario posicionarse para que los privatistas no repitan daños devenidos de políticas de facto y gobiernos anti sociales.
Dicho sin que la institucionalidad pierda el diálogo por sobre la violencia politizada; con gestiones superadoras del daño causado por el topo confeso, destructor del Estado.


