Vivimos entre otras la paradoja de negar la historia y sus efectos o consecuencias, según el tema del que se trate.
Argentina, a pesar de los tiempos del conservadorismo se dedicó en parte a la producción agro ganadera para exportar materias primas, con un método laboral deshumanizado cual esclavización.
También hubo otros tiempos de desarrollos diversos a favor de la industria metal mecánica, la energía atómica, automóviles, camiones, motos y motonetas, alimentos, turismo, hidrocarburos, protección social desde el Estado, gratuidades educativas y sanitarias, derechos laborales y la búsqueda de la equidad con acuerdos patronales y sindicales, entre otras realidades.
Las que en gran parte en tiempos de gobiernos neoliberales fueron sentenciadas a su desaparición, prohibición y/o condicionamientos, mientras que de manera impúdica brindan beneficios para grandes empresarios insaciables, tal lo demuestra la historia.
Agrego sobre los dichos del presidente Milei en una pésima comparación con Suiza a la que le atribuye inexistencia de producción y absolutismo importador, y si cerraran las fronteras para consumir su producción los suizos estarían alimentados con chocolate. Simplificación a la que agregó la comparación con Argentina y por ende “solamente comeríamos dulce de leche y andaríamos en colectivo”; ambos atribuidos a la creatividad “argenta”.
Así justifica arrasar la industria argentina con desregulación y entrega; ignorando, soslayando y negando esas producciones que fueron ejemplaridad y dieron trascendencia internacional a nuestro país. La gran diferencia entre la memoria y borrarla de la conciencia comunitaria que nos ha identificado por años; para lo cual, necesita neutralizar la soberanía nacional.
Un tema para pensarlo hoy y no dentro de un año, y en todo caso dentro de un año, recordarlo antes de votar.


