Corren las horas de la tarde del 7 de junio y sigue avanzando la columna de personas que llegan a pie hasta Villa Domínico, para despedir los restos mortales de quien es el ídolo, el líder y hasta “parte de su familia”, según declaraciones al periodismo de parte de los presentes.
Estimados “8 kilómetros” con miles de personas que, según cálculos discretos superarían el número de las 750.000., incluyendo un grupo del Neuquén; constituyendo un hecho de trascendencia histórica nacional.
Diversidad sin fin de mensajes de entrevistados dejan claramente expresados los sentimientos por la poesía de uno de los más destacados músicos argentinos; que han generado un verdadero fenómeno social, que supera las multitudinarias presencias en sus pasados conciertos.
Extraordinaria escena popular que conjuga edades, pensamientos y sensibilidades en torno de la memoria de quien le atribuyen, “haber cambiado sus vidas”. Expresión que da cuenta de las realidades desconocidas de una vida multifacética de quienes desde el anonimato, colman el trayecto desde el puente Pueyrredón (límite provincial) hasta la sala del teatro José María Gatica (en avellaneda) donde son velados los restos, con el mensaje de familiares que todos los que lleguen podrán despedirse sin importar el tiempo de espera.
Fenómeno social que refleja la vida real de las miles de personas presentes y un imaginario resto ausente cuyo número es indescifrable. Es lo que ocurre desde la cultura y en el sentimiento popular, que habitualmente desconocemos.
Los mensajes de amplia variedad incluyen la crítica y en casos, el repudio al gobierno nacional al que le agradecen desde la definida adversidad; el haber negado las instalaciones del Congreso Nacional para esta situación de despedida de quien fuera el Indio Solari.


