Transcurrió un mes del inicio de actividades entre el MERCOSUR y la UE, y el clima ya está más enrarecido, especialmente por razones medio ambientales y la insistente política de desregulación a cargo de Sturzenegger con total respaldo de Javier Milei.
La versión cita ciertas incomodidades o falta de confianza en la estabilidad política del desempeño gubernamental argentino, en razón de colisionar con aspectos preventivos a favor de la buena salud, su cuidado y el freno a la destrucción climática.
Aspectos por los que Milei, siguiéndole el juego a Trump, se ha manifestado adverso y amenazante con abandonar incluso, el acuerdo de París.
Decisiones políticas que incluyen diversos temas entre los que fuera observado el relativo a la explotación minera en zonas aledañas a los glaciares. Tema que para la UE al menos por ahora, aparece como factor de atención, en razón de que el acuerdo intercontinental no es sólo comercial, sino que incluye aspectos sanitarios a favor de la conservación climática y la alimentación.
Esta última en cuanto a su calidad, amenazada por la iniciativa del Ejecutivo argentino para que los alimentos dejen de llevar los octógonos preventivos de componentes considerados dañinos para la salud del consumidor (grasas trans o azúcares excesivos). Es obvio que esta iniciativa del gobierno libertario, responde a las exigencias empresarias de evitar las advertencias, y así, vender más productos liberados de dicho señalamiento.
Temas que en definitiva demuestran la falta de modernidad sanitaria y climática, de parte de un gobierno que busca liberar cuanta acción tenga alguna limitación que afecte los intereses corporativos, aunque pongan en claro riesgo la calidad del medio ambiente y la salud de las personas.


