En Rosario Milei reconoció la mala situación reinante, el sacrificio social y repitió la promesa de que habrá mejoras.
Rumbo a los tres años de gestión libertaria o mileista, la situación económica sigue siendo un yugo que poco a poco genera exteriorizaciones de disconformidad social indisimuladas. Las que superan a las que sostienen que hay que esperar y darle tiempo a Milei.
A casi tres años las relaciones de Argentina exhiben el aumento de la dependencia política cuyo manejo está en manos de Donald Trump, mientras que Netanyahu fortalece su posicionamiento frente a un mundo que le está dando la espalda por los abusos especialmente aplicados en Gaza.
Doble dependencia y doble compromiso político apoyando dos gestiones que en el mundo van perdiendo respaldo o consideración favorable, salvo por el efecto de la amenaza armada en diferentes regiones del mundo. Ejemplo innegable es la presión de la IVa. Flota estadounidense en la región suramericana.
Escenario desfavorable para Argentina al que el presidente Javier Milei le agrega tantas veces como pueda, la violencia expresa buscando que el odio y la irrespetuosidad aumenten para dividir a la sociedad, estimulando la confrontación entre los más perjudicados que también aumentan en números alarmantes.
Incluso quienes no coinciden con la gestión de Milei y sus ministros operadores, íntimamente relacionados con el FMI y el gobierno de los EEUU; aplicando las recetas ordenadas a cambio de un mayor endeudamiento sin solucionar lo que agravaron; son indisimuladamente sentenciados al desprecio.
Para Milei esos adversos son “imbéciles”, “soretes” o “mierda” y esos términos, salvo para los seguidores, enlutan la investidura presidencial.
Este Milei que en su discurso cita que algunos, los imbéciles, lo odian y aclara que él mismo a veces también se odia, está confesando con obvio relevo de prueba, que la imbecilidad le resulta cercana tal cual él se la adjudica.
No sé si el odio predomina en la mayoría de la adversidad política sino que es determinante el rechazo político a semejantes decisiones anti sociales, para mostrar falsos equilibrios fiscales a fuerza de créditos consecutivos que aumentan la deuda externa; y maquillar una inflación corrosiva también encubierta con el mensaje exitista que padece la absoluta falsedad ideológica.
El mensaje presidencial ante integrantes e interesados en la Bolsa de Comercio de Rosario, fue desbordante en expresiones de corte fantástico y de agresividad que nada bueno debe acumular en quienes reciben descalificaciones y ofensas inmerecidas: propias de un abusador del poder concedido para gobernar y administrar en función de la República y de su pueblo; y no como está ocurriendo en estos escasos tres años para mal de la soberanía y de la mayoría.
La pequeñas minorías que no se incluyen son las que se benefician con mayor la concentración económica, los mayores beneficios y las garantías de un libertinaje también violento, dentro del desmembrado mercado de consumo que mes a mes exhibe mayor postergación social y aumento de la crisis económica.
La que ha multiplicado el endeudamiento por efecto del yugo mercantilista financiero, al que apelaron para compensar la falta de ingresos adecuados en un tremendo escenario dolarizado, con la sostenida depresión pesificada que muestra el sostén del desequilibrio económico y consecuentemente social.
Es muy grave la violencia en la gestión y la expresión de quien desluce la máxima investidura nacional. Conclusión que me incluye seguramente, entre los imbéciles aludidos por el titular del poder Ejecutivo nacional.


