En otro acto de autoritarismo intervencionista el presidente de los EEUU, presionó al titular de la FIFA, para evitar la sanción al jugador de fútbol, Folarin Balogun, sancionado con tarjeta roja, apelando al artículo 27 del Código Disciplinario de la FIFA, para suspender por un año la suspensión automática.
La decisión devenida de la buena relación entre Trump e Infantino ha dado lugar a un criticado beneficio, que incluyó el reclamo de la UEFA a, punto de considerar que se “ha cruzado una línea roja” y de hecho, “cuando la certeza de las reglas ya no está garantizada por quienes deben velar por ellas, la integridad del juego queda en entredicho y la credibilidad de una competición se ve socavada”.
Incluso Trump reconoció públicamente el haberse comunicado con el máximo dirigente del fútbol internacional, para levantar la sanción referida: comentando también que “Lo único que hice fue pedir que se revisara la jugada, porque no me pareció que fuera falta. Y, bueno, creo que tengo buen ojo para estas cosas. No me pareció una falta; vi a dos grandes atletas que chocaron entre sí y quedaron enredados. No fue alguien dándole un puñetazo a otro en la cara ni nada parecido”.
“Me parece que habría sido terrible impedir que un gran jugador, quizá el mejor o uno de los mejores del equipo, pudiera jugar. Eso fue lo único que les transmití. No le dije a nadie lo que tenía que hacer. No puedo decirle a nadie lo que tiene que hacer. No creo que la decisión la tomara una sola persona; creo que fue un comité, y tomaron la decisión correcta. Primero, porque no era falta. Y, segundo, porque la gente quiere ver un partido con los mejores jugadores sobre el campo”.
A pesar del pretendido disimulo de estas palabras del presidente de los EEUU, claro está que si no hubiera hablado sobre el tema con el titular de la FIFA nada hubiera cambiado respecto de la sanción.
La influencia estuvo y tuvo efecto: pero para disimular lo decidido el dirigente publicó en redes sociales que “Sí, discuto regularmente asuntos relacionados con la Copa Mundial de la FIFA con el Presidente de los Estados Unidos, y en este asunto, recibí una llamada del Presidente Donald Trump, tal como recibo llamadas de jefes de Estado, funcionarios gubernamentales, partes interesadas en el fútbol y ejecutivos empresariales de todo el mundo sobre muchos temas diferentes”.
Una de las primeras quejas la formalizaron desde la Federación Belga de Fútbol, mientras que Trump criticando las normas vigentes y buscando atenuar las tensiones expresó: “¿Cómo se sentirían si sacáramos a Messi porque chocó con alguien? ¿O a Ronaldo porque se dio un golpe con otro jugador? O a Harry Kane: ‘Harry, vas fuera porque golpeaste a alguien un poco más fuerte de la cuenta’. No se puede hacer eso”.
“Lo que me pareció horrible fue la actuación del árbitro. De eso nadie habla. Todo el mundo habla de la tarjeta roja como si fuera lo normal, pero nadie habla de la decisión del árbitro. Yo ni siquiera sabía qué demonios era una tarjeta roja. Cuando me lo explicaron, dije: `Tiene que ser una broma. Este tipo simplemente levanta la mano y, de repente, tu mejor jugador no puede jugar la semana siguiente o el próximo partido. Luego miré su historial y, bueno, digamos que no era precisamente muy bueno”.


