Estamos en peligro avanzado, hay que recuperar la sensatez respecto de la realidad. Hay que evitar que la tecnología se apodere de espacios que no corresponden.
La ciencia y la tecnología son imprescindibles pero no deben ser dominadoras de la amplitud de contenidos de la vida en general.
Hay que recuperar la capacidad de pensar y hacerlo de manera constructiva o productiva, dejando de lado el devaneo virtual que no deja más que nubes y la diversidad de reflejos que lavan los cerebros. O en todo caso los conducen hacia conclusiones relativas ajenas a la realidad que maquillan con fantasías ilusorias.
Se ha perdido el criterio humanitario y dejado el espacio a la violencia individualista, capaz de generar criterios adversos a la Naturaleza. Se incluye allí la pérdida de la valoración de las cualidades del ser humano al extremo de haberse aumentado la amenaza suicida.
La adultez está desplazada por la adolescencia extendida; asumiendo posturas que el mundo exterior pulveriza con la rapidez de una “carita” que reemplaza la imprescindible palabra.
No se escribe ni lee, abundan los gráficos con los que se intenta transmitir una idea. Absurdo porque las ideas suponen amplios contenidos en la medida en que se las considera y desarrolla en pos del crecimiento intelectual y material.
La ciencia y la tecnología aplicada al mejoramiento de la vida humana no deben quitarle lo que la esencia de la especie ha desarrollado, para el mejoramiento de la persona humana y sus condiciones de vida.
La fragilidad alimenta la consistencia del pragmatismo destructivo de los Principios. Haber abandonado la conciencia de la responsabilidad nos ha llevado a un espacio en el que la vida se relativiza de manera tal, que los sentidos se atrofian perdiendo sus cualidades naturales.
Mirar sin ver o imaginar sin pensar y ni que hablar de no razonar, para interpretar el resultado de la acción que puede ser inservible o lamentable.


