Recibimos reconocimientos, ataques y somos seres humanos cambiantes.
Algo que al menos en animales domésticos no se observa generalmente, y se da lo contrario cuando se trata de relaciones con especies domésticas.
Si la cosa va en paz hay buenas relaciones; pero si los humanos agreden, el animal reacciona según su origen salvaje y se defiende, o al menos te rechaza.
El animal nunca podría actuar como un ser humano, pero el humano en casos se torna salvaje y se comporta como un animal.
Pasaron 3 años y el personaje de estrella de rock se diluyó.
Los referentes españoles de Vox, del Partido Popular y el candidato Bolsonaro ponen distancia. Unos se borraron de Madrid, y el derechista del Brasil no respondió a Lula, cuando le preguntó si quiere hacer lo mismo que Milei. No hay buena onda ni simpatía política porque el presidente libertario ofendió al extremo al presidente español, y el rey no lo quiso recibir si antes, no se reunía con Sánchez.
Pasaron unas horas y Milei agregó que en breve volverá a España para estar donde parece que no lo quieren ver, ni los oficialistas ni los derechistas en casos, azorados por las agresiones incluyendo a periodistas mancillados.
Improcedencia en Democracia que no acepta ni necesita del salvajismo anti cultural, anti social y anti democrático. En realidad en Argentina lo que no necesitamos es al desafiante que puede encender la mecha indeseada.
En España apenas si lo recibió la titular de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, en un despacho “complementario” y no en el tradicional de la Puerta del Sol; y Santiago Abascal (Vox) atendió la video llamada de Milei por menos de “2 minutos”.
Abundaron los que preguntaron a ¿qué fue y porqué sus asistentes no detectaron que no lo querían recibir?
Allá no le dieron importancia, no pudo satisfacer su ego y pretensión de líder mundial de la derecha; y en Argentina, su luz ya no llega plenamente a su propia gente.


