Meses atrás el ministro de Economía, Luis Caputo, aparecía en medios de información con alegatos justificativos de los augurios propios y del presidente Javier Milei, respecto de lo que calificaban como exitosa gestión económica. Salvo que se haya ido a alguna playa como otros funcionarios.
Incluso a diferencia de sus antecedentes, incursionó en la política partidaria especialmente para descalificar gestiones del peronismo; pero nunca, recordando el endeudamiento con el FMI durante la gestión acompañando a Mauricio Macri, y menos de la actual. En ambos casos fue gestor privilegiado ante el FMI.
Pero últimamente ha desaparecido de la escena que frecuentaba con gestos socarrones y comentarios sospechados de falsedad ideológica.
No se habla tampoco de la mentada y demorada salida a los mercados financieros internacionales demostrando que no encuentran aceptación, salvo casos excepcionales, como la reiteración del swap con China.
No obstante han logrado mantener abierto el intercambio de papeles del Estado o bonos públicos, con financistas que operan en Argentina y que en gran parte sin perjuicio del FMI y otros internacionales, serán los que avancen sobre los bienes de garantía en caso del silenciado término de default. Situación que para algunos economistas está vigente y se disimula precisamente postergando pagos de vencimientos a cambio de los renovados dichos papeles.
No obstante hay inversores expectantes dispuestos a invertir a cambio de beneficios propios del sistema, que en este tiempo se han convertido en mucho más cautelosos ante eventuales riesgos que hace un año no anteponían como advertencia.
Se huele la selectividad de dichos inversores que no ignoran la realidad del proceso económico interno o de la micro economía, que progresivamente corroe estructuras por falta de consumo, provoca cierres ya no sólo de pequeñas empresas, y se proyecta contra las grandes marcas tradicionales de las que los funcionarios mencionados, no hablan, ignoran sus gravedades y cada tanto, intentan algún discurso optimismo, que día a día, empalidece a pesar de los gritos y amenazas del anarco anti Estado.
Además de las cuestiones externas hay que tener presente que nos espera un 2027 electoral y eso, al menos en la historia ha demostrado que en procesos económicos débiles, la cosa se puede complicar con la especulación caracterpistica de los que manejan el famoso mercado.
No son los trabajadores ni los opositores políticos sino los propios actores de este proceso que complajizaron por sobre las anomalías prexistentes que en definitiv, alimentaron con el retorno al FMI y los endeudamientos tan innegables como originalmente inncesarios.


