El que no trabaja no come… dijo Nadia Márquez.
La quien ostenta el cargo de senadora nacional y por ello, tiene la obligación moral, política e institucional de buscar la solución al desocupado/a que padece el efecto de un proceso económico, destructor del tejido productivo, comercial y consecuentemente social.
Más aún, en este caso es connivente por pertenecer y apoyar el gobierno que impone dicho modelo, y por el que de manera permanente expresa su apoyo a las decisiones impuestas por su referente y presidente de la Nación Javier Milei.
Persona que anticipó la destrucción del Estado y con ello, avanzar sobre Derechos adquiridos por la sociedad argentina, y en particular por los diversos sectores de variadas profesiones que la componen; e incluso aquellos que han perdido esa condición por efecto de la desocupación.
Es inadmisible que una senadora nacional niegue la asistencia al desocupado y le quiera impedir alimentarse, si no es por sus medios, a través del estado responsable de las personas humanas que lo integran.
Amenazar con que el “que no trabaja no come”, cuando no es responsable de la pérdida del recurso laboral o por ninguna otra razón; es un amenaza despiadada, deshumanizada y anti humanista definitivamente. Nadie tiene Derecho a atentar contra vida y ni siquiera contra la propia existencia.
Y a pesar del hecho y lo dicho, no apelaré al “ajo y agua” egoísta, sino al repudio y pedido de retracción sin más explicaciones que las que demanda la mentada moral que suelen expresar quienes luego la niegan.
Y para no caer en la mera confrontación política e ideológica; vale referir la Declaración Universal de Derechos Humanos (Art.25) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Art. 11); que se refieren la alimentación adecuada y la salud sin exclusiones.


