La negación informativa desde el gobierno es abuso de poder agravado, cuando la decisión premeditada genera pérdida económica importante. ¿Faltan dólares y estos tipos pierden 1000 millones por error?
El Estado tiene su base física en el pueblo y su figura constituye su representación. Y por ende los que administran ese Estado deben proveer seguridad en su más amplio espectro, espetando Derechos y potestades.
El pueblo no gobierna en forma directa sino a través de sus autoridades que no deben actuar a espaldas de sus representados.
De allí que la nueva maniobra con las reservas de oro que deberían estar en Argentina y no en Londres u otra ciudad ajena; justifica las sospechas.
Estos funcionarios tienen el vicio de no informar no por defecto sino por la necesidad de ocultar lo que a priori huele a nuevo delito. Ya ocurrió en el presente ejercicio, sin definiciones de la autoridad judicial obviando la responsabilidad de dictar sentencia justa, oportuna y efectiva.
La operación que el gobierno libertario califica de error, exhibe el secretismo abusivo de no rendir cuentas, con explicaciones con las que nuevamente, “nos toman por boludos”, como dijo un filósofo callejero harto del autoritarismo.
No fue “un error técnico” fue un horror.
El poder fue otorgado con el voto popular para representar y no para actuar con reiterado libertinaje lesivo de las normas legales, los Derechos y el patrimonio nacional.
Por ello resulta imprescindible que el presidente de la Nación y todos los funcionarios actuantes en el enjuague, confiesen: dónde está el oro argentino, porqué la operación contra la naturaleza del mercado a sabiendas de que el oro siempre sube; y quién recibió los U$S1000 millones que quieren diluir entre balbuceos y actos reñidos con la transparencia invocada por el antiguo Domingo Cavallo, que ninguno de sus mentores hasta hoy, ha demostrado aplicar.


