Como demostración de su trascendencia popular, la memoria del Indio Solari quedó también plasmada en la histórica Plaza de Mayor aunque mucho antes en el sentimiento de los argentinos y argentinas.
Comenzó su trayectoria pública en tiempos de la dictadura cívico, militar eclesiástica con su pluma clara, cargada de sentimiento crítico, desde la paz en estado de alerta para demostrar que lo popular es de hecho masivo, sin necesidad del mercado que todo lo toma y nada aporta socialmente.
Con el correr del tiempo este referente social y cultural, fue expresando cada vez más descarnadamente su amor por la vida libre, el respeto de los Derechos y la defensa de las respuestas a las necesidades deshumanizadoras.
Mujeres y hombres, mayores y jóvenes, conformaron en cada oportunidad de un concierto el referencial del lavado de las diferencias para levantar banderas ante la injusticia, por la vida digna y desde la música. Sin decretos de imposiciones y con la legalidad de la pureza humana y popular.
La partida del indio Solari es la demostración de la importancia de protagonizar cambios sociales y culturales en el marco de la paz colmada de alegrías, poesía realista, música y esa mítica que los líderes entregan a quienes así los definen; con Derechos vigentes, sanidad física y moral y el estómago calmo.
Ya lo dijo este referente advirtiendo sobre los excesos del poder, que “el lujo es una vulgaridad”. Reflexión que nada tiene que ver con esa necesidad natural y merecido Derecho de vivir con dignidad; a partir de la adecuada valoración del trabajo físico e intelectual, en pos del desarrollo social a través de cada personalidad conjugada en el conjunto.
Y tan popular es y seguirá siendo como otros y otras grandes de la historia humana; que desde los gobiernos libertarios neoliberales de la ciudad de Buenos Aires y de la Nación, le negaron las instalaciones del Congreso Nacional para su despedida física.
Por eso el amor del pueblo latió en las calles del país y en la Plaza mayor del sentir popular de los argentinos.
Muerto el Indio, ¡viva el Indio! a través de un legado que nada ni nadie le puede quitar a quienes lo llevarán en su memoria en toda su vida, marcando ideas, procederes y transformando poco a poco el sentido de una existencia doblegada por el rigor, las angustias y el abuso contra el ser popular, el común, el ignoto y el siempre maltratado por quienes se cuelgan de la vida ajena.


