La historia muestra diversidades de tiempos con políticas sociales definiendo el principio o el fin de lo existente.
La falsa revolución fusiladora, mal llamada “libertadora” (Aramburu/Rojas), fue la fachada para derrocar un presidente electo por el voto popular, asesinando civiles indefensos en la Plaza de Mayo y otros delitos gravísimos.
Preceptos políticos y sociales dieron lugar, tras la proscripción del peronismo, a la aparición de partidos provinciales adaptados a las realidades locales con iguales o similares fundamentos. La idea trasciende y define identidades.
En el proceso de las dictaduras militares en 1966, 29/30 de mayo, se produce en la ciudad de Córdoba una reacción netamente popular sin militares, grandes empresarios ni referentes del clero, que encabezaron los dirigentes Agustín Tosco y Elpidio Torres de Luz y Fuerza y SMATA; apoyados por sectores del estudiantado, marcando nuevamente la historia.
Eran los trabajadores mejor pagados con sus derechos laborales, pero asumiendo la defensa de otros maltratos incluyendo a servidores y usuarios de la educación pública.
Renunciaba el ministro Krieger Vazena y en ´70 caía Juan Onganía por orden de sus pares de las Fuerzas Armadas, ingresaba Marcelo Levingston y un año después lo reemplazaba Agustín Lanusse evidenciando el desgaste de los golpistas dictadores.
Hubo elecciones y finalmente el lema “Peron vuelve” fue realidad, en una etapa controversial en lo político que terminó tras la muerte del presidente (1974); con otro golpe de Estado (1976). Tiempo que dejó un saldo de horror inolvidable por los abusos de la dictadura contra el pueblo argentino.
Hay infinidad de contenidos en el tiempo transcurrido. Lo concreto era destacar el paso de 57 años de aquel “Cordobazo” que hay que conocer y no olvidar. Otro ejemplo del efecto de las políticas anti sociales, la devastación del Estado y la sujeción de la soberanía al poder foráneo.


