El trámite iniciado por el gobierno del Neuquén en 2024, respecto de que el Estado Nacional transfiera rutas tuvo su resultado favorable para el interés provincial.
Se trata de la confirmación efectuada por el gobernador Rolando Figueroa respecto de concretarse este viernes 10 de abril, con el ministro del Interior, Diego Santilli, la firma de la transferencia de la ruta 22 entre Neuquén y Arroyito y otro tramo de la ruta 242.
Figueroa recordó que “Hemos planteado un programa para poder trabajar con la Nación y las rutas nacionales. Mañana nos van a transferir parte de dos rutas nacionales que hemos solicitado, donde vamos a poner peaje y pesaje para los camiones para que no se destruyan las rutas. Nos van a transferir la ruta 242, que es parte del paso internacional Pino Hachado. Y, por otro lado, parte de la ruta 22, que es el ingreso desde Río Negro en la capital neuquina hasta Arroyito”.
En 2024, Figueroa y su par de Río Negro, Weretilneck, solicitaron el traspaso a Vialidad Nacional de diversos tramos de rutas nacionales dentro de ambas provincias; a los efectos de mejorar las condiciones por razones de seguridad en la conectividad vial y optimizar la productividad y la eficiencia de las actividades económicas regionales.
Inversión provincial en rutas: El mandatario neuquino comentó que “La provincia del Neuquén tiene 1.150 kilómetros hechos en toda su historia” y que en la gestión “estamos repavimentando la mitad y estamos haciendo 850 kilómetros de rutas nuevas, muchas en la cordillera para promocionar el turismo en distintas zonas emergentes”.
Son inversiones con fondos provinciales, mientras que en simultáneo se trabaja con empresas de la industria hidrocarburífera para el desarrollo de “toda la infraestructura que tiene vinculación con Vaca Muerta. La inversión del Estado tiene que generar mucha más riqueza que la inversión propiamente dicha”.
Agregó que “Nación tomó un rumbo cuando nosotros asumimos, nos trazaron unas reglas de decir ‘bueno, nosotros vamos por el déficit fiscal, no se puede gastar más de lo que ingresa y no vamos a hacer obra pública’. Teníamos dos caminos: llorar y quejar o hacer”, y “nos pusimos a hacer. Reunimos a todos los intendentes, planteamos cuál era el problema y trazamos un desarrollo de la infraestructura que estaba retrasada. Cuantificamos que el retraso que tenía Neuquén era de 4.000 millones de dólares de infraestructura que se necesitaba”.


