A lo comentado sobre algunas declaraciones del presidente Donald Trump recientemente, vale agregar puntual y textualmente parte de esas manifestaciones, con las que desnuda la realidad de su posición y del grado de aceptación que logra respecto de la su “Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América”.
Dice en un tramo de exposición que “Estados Unidos debe ser preeminente en el Hemisferio Occidental como condición para nuestra seguridad y prosperidad. Una condición que nos permite afirmarnos en la región con confianza dónde y cuándo lo necesitemos. Reclutaremos campeones regionales que ayuden a crear una estabilidad tolerable en la región, incluso más allá de las fronteras de esos socios que detengan la inmigración ilegal y se enfrenten a los cárteles. Los términos de nuestras alianzas y los términos en los que suministraremos cualquier tipo de ayuda deben estar condicionados a reducir la influencia adversaria ajena. Desde el control de puertos, instalaciones militares e infraestructura clave a la adquisición de activos estratégicos entendidos desde una perspectiva amplia”.
Clara definición de que Trump exige, por ejemplo a la Argentina, cortar relaciones con cuanto país le resulte competidor de los intereses de los EEUU.
Agrega evidenciando su posición expansionista dominante que “Los términos de nuestros acuerdos, especialmente con los países que más dependen de nosotros, y por lo tanto sobre los que tenemos mayor influencia, deben ser contratos de proveedor único para nuestras empresas. Al mismo tiempo debemos hacer todo lo posible para expulsar a las empresas extranjeras que construyen infraestructura en la región”.
Con esta definición no sólo nos obligan a evitar relaciones amplais de compra y venta de productos según nos convenga; sino que amenazan la producción nacional para consumo de los argentinos.


