La puesta en escena en el Congreso Nacional por parte del equipo del presidente Javier Milei, dejó algunos mensajes favorables para el Neuquén augurando un futuro importante con desarrollo destacable, basado en las riquezas naturales bajo la innegable coordinación del estado provincial ante los empresarios.
Esto último no lo dijo el mandatario nacional pero vale aclararlo porque es parte de la realidad devenida de una estrategia sin duda trabajosa de años que destacó el gobernador, que también acredita su cuota parte exitosa producto de una labor sostenida con un equipo comprometido con el proyecto que tiene hoy en vista el 2030.
Plazo hasta el cual Figueroa estima lograrse un importante nivel superador de las buenas expectativas actuales. Pero hay que reconocer que Milei nuevamente se excedió en sus gestos, comentarios, ofensas y las infaltables palabrotas desafiantes y en casos ofensivas.
Con el poder concedido por el voto popular qué necesidad tiene de agredir a cuanto adversario se le cruce, aún en silencio y a distancia. A los gritos y descontrolado no se privó de recitar extralimitaciones, a través de la lectura de un libreto que evidenció la premeditación.
Si bien los propios en el recinto lo aplaudieron sin lograr disimular las ausencias en la plaza frente al Congreso; no faltan críticas y repudios a sus manifestaciones demasiados alejadas de su investidura. Muy lejanas del respeto que la Democracia necesita para exhibir la prevalencia del diálogo por sobre las diferencias, que por lo demostrado Milei no logra aplicar.
Ya no parece que lo hace por descontrol espontáneo, y sí confirma que prevalece la inspiración asesorada de autores ideológicos y operadores escénicos.
Persiste el estilo agresivo que desprecia la condición humana, la ideología, la política y la decisión administradora anti estatal, a costa del sacrificio inmerecido, del pueblo argentino. En esto radica la gran diferencia que tampoco tiende a superarse.


