Pasaron 2 años de falsedades ideológicas respecto del IPC nacional, como recurso para frenar la verdadera inflación y los sueldos de millones de trabajadores y trabajadoras, de los que en gran parte advertían que “la plata no alcanza”.
Marco Lavagna salió del INDEC por desacuerdo más despido al insistir con el nuevo índice que, a pesar de su compuesto viejo, demostraba la mentira pergeñada.
Ya no hay justificativos para negar lo que dice el común denominador ante un modelo perverso. Calificación para sus responsables desde la presidencia hasta el ministerio de aplicación de la destrucción de la economía argentina.
Resultado de personas experimentadas en ese modelo arcaico que generó el efecto de 2001, bajo la tutela de Cavallo, Sturzenegger y sucesores como el ministro Luis Caputo. Los que desde afuera y desde adentro del gobierno nos llevaron al extremo escuchar sincericidios rematados con la salida de Lavagna.
En simultáneo con el engaño estadístico y la destrucción económica, ese Caputo dice que compra ropa en el exterior; y a nosotros nos ofrecen ropa usada. Además son maltratados de mil maneras los que denuncian otra realidad a la vociferada desde la Casa Rosada.
Usan el antiguo “miente que algo queda”, frente a las denuncias y versiones sobre coimas y funcionarios públicos en casos, asociados con importantes empresarios cercanos a la salud que tampoco cuidaron.
“Nada es mejor, todo es igual”, como dice “Cambalache”, y el cambio refleja el engaño y el desastre de endeudamientos criminales y delictivos, que reclama la intervención del Poder Judicial siempre ajeno a la realidad, cumpliendo los peores deberes ordenados desde el Ejecutivo.
Un ejemplo de dictadura económica al que ni siquiera le hace falta Martínez de Hoz.
Hay demasiados funcionarios seguidores de la línea perversa, para engañar con un cambio y recuperar lo peor del pasado a costa del pueblo argentino.


