El ministro de Economía, Luis Caputo, empieza a descontrolarse y pide prisión para periodistas cual dictador de un modelo retrógrado sostenido con el poder ajeno que se llama gobierno nacional.
A él no lo votaron pero avanza tal vez, con parte de sus aspiraciones más allá del manejo de capitales, bonos y acuerdos financieros, siempre a costa del Estado que dicen odiar. Pero antes, durante y después, está Javier Milei desperdigando sus ofensas sin límites y mancillando la investidura presidencial que nunca respetó con irresponsabilidad institucionalidad.
No sólo son causales de queja las medidas económicas que arrinconan al común denominador, ni la negación de responsabilidad por la morosidad ante los entes financieros.
Son por ejemplo, que algunos imbéciles, usando palabras del presidente, digan que no pagan cuotas porque Argentina perdió el mundial.
No deberían ser tan llanos en sus conceptos abusando de la simpleza que complejizan con ofensas y agresiones, incluso personalizadas pero a la vez, para sostener el temor usa expresiones masificadoras, acusando de golpistas a los que critican porque les duele el hambre y la injusticia.
Agrega contra los que informan del dolor, la injusticia y abusos de sectores poderosos; que reciben beneficios de lo que les quitan a los que son “soretes” y “mierdas sociales”. Ofende y provoca cada vez más incluso en redes sociales quebradas por las evidencias de un apoyo robotizado fracasado, y la falta de mensajes de apoyo. El silencio avisa y cada día hace más ruido en los oídos de los silenciosos.
Nada lo conforma y vuelve a atacar a periodistas por los que pidió a los estudiantes del colegio judío ORT, que vociferen contra los periodistas que él, se los va a agradecer.
Ejemplo pésimo del presidente para los estudiantes que ya demasiado tienen con Netanyahu, y su avanzada sobre Gaza, mientras el mundo le pide que termine con el exterminio.


