Pasaron 59 años desde la creación del Coro Nacional de Niños acumulando una trayectoria de profesionalización de niñas y niños en el arte del canto.
Habían pasado 2 años desde el cese de nuevos integrantes para iniciar su formación. Muestra del recorte motosierra apuntando a la cultura impulsada desde el Estado Nacional.
Hoy ratifican ese criterio y por decreto desaparece el coro, abandonando a sus integrantes de manera inescrupulosa.
El costo de funcionamiento era de $18 millones pero el gobierno libertario se niega a pagarlo. Y como de costumbre en base a designios del desregulador de antecedentes de un pasado destructor del Estado, intentaron explicar la decisión sin aclarar nada alegando que las actividades tradicionales “pueden alcanzarse mediante acciones y programas de formación, perfeccionamiento y desarrollo artístico de alcance más amplio”.
Nada de nada agregando que desviarían el financiamiento “hacia estrategias de formación cultural que permitan optimizar su impacto y alcance, en consonancia con los principios de eficiencia, eficacia y buena administración que deben regir la actuación estatal”. Zaraza pura. La buena administración hoy implica restringir inversiones sanitarias, de infraestructura, sociales y de hecho culturales. La eficiencia y eficacia, en este modelo no es más que la vieja muletilla expresiva para ocultar la destrucción con palabras sin sentido.
Desbarataron el coro y eso no soluciona el des manejo económico sostenido con deudas impagables, incumpliendo obligaciones y emitiendo papeles para “rolear” deuda desechando lo productivo también cultural, tras casi 6 décadas a favor de la niñez y la orientación vocacional.
Vale recordar que hace muchos años antes de crea el coro; ya se decía que en la Argentina, “los únicos privilegiados eran los niños” pero hoy ellos, los abuelos y el pueblo tienen el Derecho a la dignidad en su tierra. Paradoja; un coro creado en dictadura destruido en Democracia. Unos peor que otros.


