La escandalosa situación que ha generado Manuel Adorni con su conducta, antes abusiva del atril de vocero inapelable, y ahora vergonzosa por la diversidad de situaciones anómalas que no logra controlar ni demostrar lo contrario, es un caso que debiera tener un fin inmediato con su salida del gobierno nacional.
Hecho que le quietaría contrapeso a un Javier Milei que rietera su respaldo en la creencia de contar con un poder absoluto, cuando al parecer, desde el ámbito judicial propseraría una aclaración cobre el particular.
Hecho o proceso que podría concretarse, en tanto desde el poder judicial, decidan actuar en función de sus obligaciones y atribuciones, como responsables de garantizar el cumplimiento de las leyes y los procesos sujetos a lo establecido por la vigencia del Estado de Derecho.
Suena raro por lo contradictorio que exhibe esta realidad política institucional, que ha violado incluso hasta la Constitución Nacional.
Pero al parecer este martes 23 de junio sería la jornada en la que los legisladores nacionales darían inicio al tratamiento de dichas conductas, y plantearían la interpelación del todavía jefe de gabinete nacional.
La Cámara Baja tendría poder cuantitativo suficiente y en el Senado procederían en consecuencia. No obstante una vez más hay que esperar los momentos y decisiones políticas definitorias, para ver qué es lo que prevalece.
Habrá que ver si prospera la estrategia del oficialismo libertario respecto de los dos tercios para seguir adelante, y si desde el PRO, la UCR y bloques provinciales definen un escenario adverso para el funcionario protegido indisimuladamente por Milei, dañando cada día la imagen institucional de la república Argentina.


