Viejo lema refería que “el ahorro es la base de la fortuna” pero nunca lo fue realmente, y hoy menos aún.
Mientras que las corporaciones enriquecen a sus propietarios y accionistas con ganancias inexistentes en la mayoría de los rubros; la gran mayoría en Argentina, sufre la falta de dinero para consumos básicos.
El ahorro es un respaldo para el futuro y la necesaria u obligada pasividad. Necesario como compensación justa en un estado cronológico sin padecer la falta de ingresos laborales.
Pero cuando la pasividad laboral es obligada, impuesta y prematura, por el proceso degradante de los derechos, todo tristemente desesperante.
Peor si tampoco te has logrado jubilar dignamente. Todo lo contrario de la teoría sobre desarrollo y crecimiento, mientras se logra la acumulación compensatoria de largos años de trabajos, esfuerzos y cada vez más sufrimientos. En el lejano pasado oriental esa reserva progresiva era el camino hacia la merecida estabilidad económica, sin que fuera abundante de riqueza. Un proceso desnaturalizado que nunca generó fortuna.
Hoy los gurúes no hablan de ahorro sino de inversiones de dinero para ganar más dinero. Metodología que a la gran mayoría le resulta imposible ante la realidad con restricciones alimentarias y medicamentosas, para tener un poco más del miserable dinero por unos días en cada mes.
Se ha desnaturalizado el precepto del ahorro y se lo ha tornado imposible para la mayoría de la sociedad, tras la degradación económica, monetaria y laboral. Para ganar dinero hay que tener dinero para la selectiva timba financiera y amigos con poder.
Y sino, ser parte del gobierno nacional que nos muestra lo exitoso de los funcionarios que impunemente sorprenden al empobrecido, logran inversiones y gastos descomunales en tiempos colmados de pobreza, indignidad y restricciones que incluyen el castigo inmerecido, sin el derecho a vivir sanamente.


