A pesar de los discursos del ministro de Economía y del Presidente la realidad golpea las puertas de los pobres y afectados por el modelo económico restrictivo, y la de los más favorecidos con la bicicleta y las tarifas en aumento.
Todos quieren más, unos por la extrema necesidad y otros por avaricia económica.
Suman licitaciones con papeles de deuda ampliando plazos de vencimiento, gracias al mercado que invierte en especulación pero le da la espalda a la producción, ante la falta de consumo. La crisis deja en el camino empresas y trabajadores, salvo excepciones como el de la formación geológica Vaca Muerta, otros rubros de la minería y el tradicional agro ganadero.
Desde el gobierno festejan el “rollover” con una colocación del 114,36%, que aumenta la deuda para postergar $11 billones impagables. Las LECAP captadas tienen vencimiento en septiembre 2026.
Los inversores ven pérdida del equilibrio y caída de la imagen del presidente anunciada por consultoras de opinión. Los financistas ofrecieron poco más de $ 16 billones para lo que el gobierno subió tasas, acortó plazos y agregó el dólar como elemento de seguridad.
Crece la desconfianza que daña lo institucional, lo económico, y frena el motor productivo frente a las pretensiones reelectorales del triángulo de hierro y el internismo citado desde el FMI. Quieren repetir recetas fracasadas por el daño social y el consecuente hartazgo.
La renovación de vencimientos a cambio de venta de papeles es mala señal de peligroso resultado. Que el mercado acepte más bonos del odiado Estado no es un éxito, es el rumbo a un barranco económico por incapacidad de pago.
Escuchamos promesas para 30 o 40 años cuando los actuales activos estén en el fin del proceso productivo, del que hoy nadie sabe cómo será. Para cambiar reordenar la administración, flexibilizar la economía, generar producción y consumo y después pagar las deudas que nunca debieron tomar.


