Vivimos ya más de dos años en un ambiente cargado de violencia encabezada por el presidente de la Nación atacando periodistas, y referentes conjugando inexactitudes o falsedades.
Progresivamente se conocieron hechos delictivos por los que desde el servicio judicial, se encargaron de dilatar y desviar investigaciones protegiendo a los supuestos responsables, de los hechos dolosos cometidos con el beneficio y abuso de cargos públicos.
En ligera revisión aparecerán Sandra Pettovello, Spagnuolo, Karina Milei, Garbellini, Machado, Espert, Adorni y Javier Milei con la estafa $LIBRA, entre otros; más el escándalo judicial, del extinto juez Bonadío y el actual fiscal Stornelli.
Autores de la causa “cuadernos” viciada por falta de pruebas reales, y en estas semanas embarrada con más de 25 empresarios declarando haber sido extorsionados por el juez y el fiscal; para evitar ir a la cárcel diciendo que habían pagado coimas y así, comprometer a Cristina Fernández, detenida en domicilio.
Días atrás apareció el ex policía federal Bacigalupo, depositario de una caja que le diera Centeno que nunca revisó, que antes habían quemado. Otro caso por el que no fueron a la justicia y entregaron papeles o versiones a periodistas de medios afines al gobierno libertario.
Hechos vergonzantes por los que alegan inocencia que ojalá la Justicia defina hasta sus consecuencias.
Y en lo corriente está la inflación que no coincide con los precios de consumo masivo, subas de tarifas de transporte y servicios ante el mayor consumo de gas y electricidad, sueldos controlados por el gobierno nacional que exime de deudas a los dueños de Edenor, Edesur y otras en apogeo de facturación; en simultáneo con la pauperización de la vida cotidiana del común denominador.
Todo sea por ese equilibrio fiscal y la provocadora libertad selectiva. Recuerdemos la milonga lunfarda “El conventillo”, en la que el feo colgó su foto, en la galería de los ases del choreo.


