Es reiterado aquello de que se mantiene o crece la liquidez en los bancos pero la realidad del bolsillo popular es contraria a ese anuncio, y el pronóstico no tan optimista como algunos funcionarios nacionales lo exponen.
Ya lo había dicho Milei para justificar los recortes presupuestarios a cambio de recaudar para el FMI, pero de manera insuficiente. No hubo ni hay plata para el común denominador porque le licuaron los sueldos con estrategias que buscan el reiterado y sospechoso equilibrio fiscal, mientras que la deuda del Estado Nacional aumenta.
Es la crisis real disimulada o maquillada con datos ajenos a lo cotidiano; que exhibe caída sostenida de ventas y recaudaciones, salvo las de las empresas que reciben aumentos deshumanizados de servicios y combustibles. De allí que las estadísticas del mismo origen que el de la inflación, indican y advierten sobre la pérdida de pago de los consumidores y el espacio financiero no está exento, exhibiendo una morosidad no menor del 11,5% en marzo.
Datos tardíos permiten disimular la realidad y hablar de un futuro venturoso con promesas para 20 o más años. No hay quien lo soporte con la economía a la baja sostenida. Se agrega que el crecimiento es heterogéneo pero es absolutamente sectario porque son muy pocos los sectores que lo han logrado, tal el caso del desarrollo en la formación geológica Vaca Muerta.
El sistema financiero enciende alarmas preventivamente ante mayor crisis para sus intereses. Mora en el pago de deudas, retracción del ahorrista y la plata va al colchón y no a los bancos y estos, cortan más aún el crédito hoy con costo exorbitante.
Y peor aún fue que Luis Caputo pidió a los bancos que amplíen plazos de pago pero no hay plata, no es falta tiempo. Sin plata en los bolsillos no habrá solución en el consumo, en las recaudaciones y en las inversiones en general.
El Mercado sentencia y no perdona.


