En la medida en que las necesidades aumentan por la falta de recursos laborales y económicos, mediando la depresión de un consumo venido muy a menos a pesar del discurso oficialista; desde el gobierno nacional, en esa línea, refieren conclusiones absurdas y en casos miserables.
Resulta paradójico que el ministro de Turismo, Daniel Scioli, festeje que “La gente ya no se toma 15 días sino que busca escapar un fin de semana”. La expresión está entre la resignación ante el daño provocado, y un argumento facilista para sugerir que es mejor viajar por 3 o 4 días que por 15; o por un mes como solía verse en otros tiempos.
Etapas en las que millones creían que podían salir de vacaciones todos los años, y más trade comprar un auto, un celular o disfrutar de algunas comidas fuera de los hogares. Tiempos de círculos virtuosos en los que todos los rubros tenían movilidad productiva, ñaboral y comercial.
Hoy eso no existe y además, este ministro, sobre el tema laboral, le puso la firma a una tontería también rayana en la perversidad.
Respaldando el proyecto de atraso en las condiciones laborales, que llaman reforma cuando en realidad es un zarpazo a los derechos del sector para favorecer intereses selectos; Scioli tuvo la brillante idea de referir que “en sectores como el turismo, el carácter temporal del empleo exige una mayor flexibilidad”.
Es obvio que esa temporalidad ya de por sí impone condiciones limitantes y si a eso le agregan la rigurosidad empresaria para mejorar sus cajas recaudadoras; se fortalece una dependencia acotada en derechos y abusiva en demandas funcionales. El sólo hecho de dicha temporalidad, ya es un factor angustiante por la falta de seguridad en la continuidad de los trabajos. Ese tipo de trabajos deberían ser mejor remunerados por la incertidumbre de la relación laboral, y por la obtención de ganancias empresarias en menos tiempo que el modelo productivo o comercial convencional de 12 meses por ciclo.
La concepción cambiante tal lo demuestra su trayectoria política basada en sus intereses personalísimos de espaldas a los proyectos experimentados; es altamente polifacética para asegurar sus beneficios, repudiando en este caso, los de las trabajadoras y trabajadores de nuestro país.
Con tal de asegurar su continuidad en el Estado que repudian pero usufructúan al extremo; no tuvo vergüenza de asegurar que “El mayor derecho de la gente es poder tener trabajo” cuando es una condición elemental tanto para el operario como para el empresario. Sin laburo no hay producción ni comercio y por ende, cero ganancias.
Además a sabiendas de lo indisimulado de la crisis generada por las políticas neoliberales destructoras del aparato productivo, destacó que el sector empresario “Ha hecho un esfuerzo esta temporada” como si los trabajadores no han sacrificado derechos y mínimos beneficios en aras de ese recurso laboral al que buscan degradar sin prurito alguno.
Apoyando el proyecto con media sanción de la Cámara de Senadores; beneficia al sector patronal que durante muchos años buscó la degradación laboral para aumentar sus ganancias; que ahora está cerca de lograr con la reforma para el atraso, alegó que en el mundo, cambiaron las condiciones laborales pero sin incluir los cambios para la reducción horaria laboral y ratificación o aumento de derechos y beneficios para la fuerza del trabajo.
Claro que ante el repudio emergente de las picardías del oficialismo de introducir medidas extremas camufladas o privadas del debate por tratamientos empaquetados, y no por artículo; Scioli alegó que Milei y su equipo está dispuesto a escuchar los reclamos y mejorar el proyecto de dicha reforma esclavista.
Lo de escuchar es un formalismo discursivo ya que en la realidad el diálogo desde el gobierno hacia la oposición no existe en los términos correspondientes. Sólo hay intentos de convencimientos con atractivos circunstanciales para cambiar la postura de algún legislador previo trámite entre los poderes Ejecutivos, en base a un trueque generalmente incumplido.
Este funcionario al igual que otros repite la cantinela de la generación de oferta laboral que hoy no creen ni los empresarios por las condiciones que atrasan y tienden a estimular la reacción popular ante el atropello y la quita de derechos. Creen que el pueblo argentino olvidó la historia de este modelo destructor de la maquinaria o sistema productivo.


