Corren ya dos años con la responsabilidad de gobernar y alegan que son los paladines de la libertad. Usaron y usan esa palabra hasta el hartazgo, pero avanzan contra los derechos de trabajadoras y trabajadores; reduciendo el poder adquisitivo, la calidad salarial y encarecieron productos de consumo popular, masivo y hasta los imprescindibles.
Esa libertad que pareciera que es sólo para los grandes empresarios soslayando derechos que el pueblo argentino ganó con luchas, y soportando dictaduras cívico militares que no hay que olvidar, para que no engañen a las nuevas generaciones con abundante falsedad ideológica.
Defender la libertad demanda antes respaldar y promocionar la Democracia, a partir del bienestar social sin exclusiones y sin postergaciones en la ejecución de derechos adquiridos, los que desde la Derecha niegan con pretextos perversos haciendo creer que tras el sacrificio llegará ese bienestar robado impunemente por la connivencia de los responsables de salvaguardar y ejercer la Justicia.
El bienestar del pueblo es parte de la verdadera libertad que no es exclusiva del dios mercado, sino apropiación legal de todas las personas. La libertad no necesita dinero a cambio ni buenos negocios compensatorios. La libertad es respetar normas legales, acuerdos, convenios y reitero, ese derecho adquirido ante la existencia de variadas injusticias, con la prevalencia del abuso concentrador de la riqueza contra la equidad.
Y también hay que recordar que los derechos necesitan del Estado ya que el mercado funciona para ganar dinero, pero a partir de la producción con oferta laboral consecuente, sin caer en la destrucción industrial nacional, con la descontrolada importación.
Tanto copian lo malo de la historia, que falta volver a la silla rota para descalificar el producido nacional. Eso tampoco es libertad y afecta el desarrollo productivo a partir de un consumo acorde a esa libertad profesada, claramente amañada.


