“Jesús María” entre otras referencias identifica al festival folclórico que politizaron. A tal punto que ante la posibilidad de que el mandatario participara en el escenario, autoridades del evento advirtieron a ciertos artistas, la inconveniencia de estar presentes, por si referían alguna cuestión social y política, que molestara al auto definido topo libertario destructor del Estado.
Hecho que está logrando junto a sus funcionarios especializados en servirse de dicho Estado, caiga quien caiga y le cueste a quien le cueste. Obviamente en esto último no hay nadie que buscar fuera del pueblo argentino. Víctima mayor del proceso dictatorial económico, generador de daños extremos, sin disimulo ni arrepentimiento.
Así lo demostró Milei en Davos con su negación de lo anti social y la abundante fraseología con citas de terceros cuyas técnicas o teorías, no se aplican en ningún país del mundo. Sí en Argentina para alegar que no regala más pescado y esas cosas ofensivas para los más despojados y desprotegidos de nuestro país. Pescado que en el relato bíblico fuera el alimento multiplicado para calmar el hambre de los menesterosos.
Situación que recuerda la traición al maestro de parte de un Judas que algunos relacionaran con Mefistófeles dependiente del diablo y esas cuestiones. Mezclas de traición, y mal uso del reconocimiento popular al que algunos odian como a los festivales, y que Palavecino y Milei contradictoriamente usaron para cantar juntos. Hecho que algunos aplaudieron y muchos otros criticaron, sobre todo porque cada uno a su modo y en sus tiempos, dieron motivos de rechazo o reproche.
Se sumaron críticas denunciantes de ingratitud, de los que consideraron traición al espíritu de las fiestas populares, por la rara conjunción que tal vez, hubiera sonrojado a los referentes espirituales que dieron nombre al “festival de Jesús María”.


