El gobierno de Israel comunicó la construcción de un río de 130 Km -“Acueducto Nacional”- para implementar mejoras ambientales y productivas en un desierto. Obra que financió el Estado. y no sectores privados; valorando la estratégica importancia de contar con ese recurso natural bajo control estatal.
Vale traer a colación que Argentina y por ende su pueblo, tienen en su rica geografía un río llamado Paraná, que los privatistas disimuladores de la explotación incluyendo operaciones ilegales, guardadas como secreto a voces; llaman “Hidrovía” para borrar las potestades del Estado en sus diversos niveles.
Situación que hoy persiste a pesar del fracaso licitatorio por única oferta. El río Paraná tiene unos 4880 kilómetros de longitud, colmados de la riqueza natural de su existencia, y diversas variedades, que lo hacen el más importante de Sudamérica por su longitud y volúmenes que definen calidad para la biodiversidad, la navegación y consecuentemente generador de riquezas no tan conocidas y menos informadas.
El extenso curso hídrico cuya administración fue privatizada durante la presidencia de Carlos Menem con su estrategia hacia la “neoliberalización”; que luego fueron profundizando con Cavallo y Sturzenegger en los gobiernos neoliberales hasta la actualidad.
Actualmente tras la fallida convocatoria a otra concesión, el Estado retomó el control, pero con indisimulada ilusión de privatizar el negocio para hacerse de dividendos para la postergada reserva, y garantía del FMI y otros acreedores de la deuda eterna por lo impagable; y centenaria por los compromisos asumidos. La esclavización económica financiera se garantiza.
Cito Israel y la inversión estatal en recursos estratégicos. El agua es de innegable importancia; inspiradora también de acciones ilegales para apropiarse como con el petróleo, tal lo confirma Trump tras la invasión armada a Venezuela, y el secuestro de Nicolás Maduro. Todo criticado en el Mundo y en los EEUU.


