Pasaron 80 años desde la implementación de los derechos laborales en el marco de la entonces novísima y revolucionaria “Ley de Asociaciones Profesionales” que data de 1945, agregándose en 1953 la Ley 14.250, que ratificó y amplió la aplicación de dichos beneficios legalmente constituidos.
En base a estas normas se fueron mejorando diversas condiciones con alcance a mayores sectores del ámbito laboral, gracias a los convenios colectivos de trabajo. Recurso legal que fortaleció la posición de trabajadoras y trabajadores para actuar desde el conjunto, y no desde la despareja individualidad, trabajador versus empleador, o patrones, como les gustaba decir.
Acciones en pos del derecho que la Constitución Nacional establece y que en estos días, vuelven a atropellar so pretexto, de una modernización que tiende más a la esclavitud que a la superación. Cuando ya hay países que avanzan en la reducción horaria laboral, para aumentar producciones y ampliar la oferta de espacios para trabajar, el gobierno de Argentina con Javier Milei y los falsos renovadores, encabezados por Federico Sturzenegger; pone marcha atrás sin mirar el espejo retrovisor.
A esto se agrega la burlona paradójica pretensión, para que en sólo 8 o 10 días, modifiquen las normativas ejemplares de 8 décadas de vigencia que, puede que algunas ameriten actualización, sosteniendo los derechos en base a las nuevas actividades laborales.
No hay que permitir que las tremendas necesidades económico/sociales, provocadas por la deshumanización de la concepción neo liberal, sigan quitando derechos que no significan abusos sino el resultado de una historia que no se debe olvidar.
Por el contrario, leyendo la historia y mirando la realidad del mundo que debate la defensa y mejora de beneficios para los artífices de la producción, frente a la tremenda concentración de la riqueza a costa del sacrificio humano laboral; surge que después de 80 años, no debe convertirse en ley.


